Terapeuta especializado en hombres

Hola! Soy Ricardo Daroca Gallego

Especialista en masculinidad, género, igualdad y tratamiento de trastorno por comportamiento sexual compulsivo.
Trabajo acompañando a hombres en procesos de crisis, malestar y transformación personal, desde una mirada humanista.

Durante mucho tiempo viví sin pararme de verdad a mirar qué me pasaba. Como muchos hombres, aprendí a seguir, a aguantar y a evadirme antes que a entenderme.

Por fuera podía parecer que todo seguía, pero por dentro había cosas que no sabía nombrar, sostener ni compartir.

Y cuando los hombres no sabemos qué hacer con lo que sentimos, muchas veces no lo enfrentamos: lo tapamos.

A veces con trabajo, con distracciones, con silencio. Otras con alcohol, drogas o sexo, como yo hice durante años. Pero eso no se queda solo dentro de uno: termina afectando a la pareja, a los hijos/as, al trabajo y a las personas que decimos amar.

No porque seamos fríos o no sintamos, sino porque muchas veces nadie nos enseñó a mirar el dolor sin huir de él.

Y ahí es donde empieza a romperse todo.

Yo también hui durante años.

Con adicción al sexo, con la evasión, con formas de no mirar de frente lo que me pasaba. Hasta entender que lo que no afrontaba acababa afectando a mi vida y a las personas que decía amar.

¿Por qué a muchos hombres les cuesta ir a terapia?
¿Por qué están hechos de otra pasta?

No, todos estamos hechos de la misma pasta. Y los beneficios de la terapia no son para unos pocos: son para cualquier persona que quiera entenderse, cuidarse y vivir con más conciencia.

Lo que ha alejado a muchos hombres del autocuidado emocional, de la autoobservación y de expresar lo que sienten no tiene que ver con ser “más fuertes”, sino con todo lo que han ido cargando sin darse cuenta.

Una mochila hecha de mandatos, silencios y exigencias.
De prohibiciones.
De represión emocional.
De normas autoimpuestas para parecer el tipo de hombre que se esperaba que fueran.

Y todo eso tiene un precio.

Porque cuando un hombre no aprende a nombrar lo que siente, a sostenerlo y a expresarlo de una forma sana, ese malestar no desaparece: se desplaza a veces hacía.

Las adicciones.

La depresión.

La frustración.

El estrés.

La ira MAL ENTENDIDA.

La hipersexualidad.

La agresividad PARA RESOLVER CONFLICTOS.

LAS ANSIAS DE PODER Y DOMINACIÓN O el control.

 

Y también hacia otros muchos lugares que nacen del mismo origen: no haber sabido expresar lo que pasaba por dentro de una manera sana y asertiva, creyendo que sentir, mostrarse o pedir ayuda les hacía débiles, inferiores o menos hombres.

¿Cómo te puedo ayudar?

A veces el malestar no aparece con un nombre claro.

Aparece como estrés, irritabilidad, adicción, desconexión, hipersexualidad, necesidad de control, agresividad o una sensación de estar perdido sin saber muy bien por qué. Mi trabajo consiste en ayudarte a mirar eso que hoy te pesa, comprender de dónde viene y empezar a construir una forma más consciente y honesta de estar contigo mismo y con las demás personas.

Tu consciencia y tu confianza

Un espacio para reconocer qué te pasa, ponerle nombre y empezar a sostenerlo sin huir de ello. Trabajaremos la conexión contigo, los cuidados, la escucha interna y la posibilidad de habitar lo que sientes con más presencia y menos autoexigencia.

Muchas veces el malestar también está en cómo te hablas, en cómo te miras y en la dureza con la que te tratas. Aquí trabajaremos tu forma de relacionarte contigo mismo, revisando creencias, exigencias y mandatos que afectan a tu autoestima y a tu manera de vivirte.

Revisar la masculinidad no es dejar de ser quién eres, sino entender qué has aprendido sobre “como ser hombre” y qué coste tiene eso en tu vida y en las personas que te rodean. Aquí trabajaremos mandatos, automatismos, la falta de auto-cuidado, cuidado de las demás personas y formas de estar en el mundo que quizá hoy ya no te sostienen y sí te limitan.
La sexualidad no se reduce a rendimiento, éxito, deseo, control, dominio o impulso. También habla de vínculo, cuidado, responsabilidad, de cuerpo, de intimidad, de evasión y de heridas. Aquí trabajaremos una relación más consciente con tu sexualidad, especialmente cuando ha estado atravesada por compulsión, desconexión, pornografía, protutición o sufrimiento.

La vulnerabilidad no es debilidad. Es la posibilidad de dejar de sostenerte desde la coraza, el control, domino o la evitación. Aquí trabajaremos la capacidad de abrirte, sentir, pedir ayuda y relacionarte desde un lugar más honesto, sincero y menos defensivo.

Pedacitos de mí

Aunque esta web va más de ti que de mí, quiero compartirte una parte de mi recorrido para que entiendas desde dónde hago este trabajo.

Durante muchos años viví desconectado de mí mismo. Como muchos hombres, aprendí antes a aguantar, callar y huir que a mirar de frente lo que me pasaba. Y esa forma de vivir no solo me afectó a mí: también impactó en mi vida, en mis vínculos y en las personas que decía amar.

ANTES DE MI AÑO CERO (ANTES DE MI RECUPERACIÓN)

Soy un enamorado de la cocina desde que a los 10 años tuve una reflexión: si quería escapar de los grasientos guisos de mi abuela no tenía más remedio que cocinarme yo mismo.

He sido un niño muy introvertido, al cual le costaba mucho expresar sus emociones, decir lo que pensaba o simplemente ser yo mismo, siempre buscando la aprobación de los demás.

Sufrí mucho en mi infancia por la ausencia de mi padre desde los 8 años, me sentía culpable de que no nos hablara, me creé una coraza a mi alrededor.

Estaba en continua lucha con el mundo, con una gran carga de ira que emanaba desde mi interior y que me consumía.

Durante los años de mi adolescencia, mi manera de huir fue con las drogas y el alcohol.

Trabajé durante 17 años en la misma empresa (en el sector ferroviario), siendo responsable de la oficina técnica, la producción y en ocasiones del montaje en obra.

Me casé y tuve dos preciosos hijos, que han sido mi mejor regalo.

No fui consciente hasta el año 2014 de que tenía una adicción que había provocado mucho sufrimiento y que llevara una doble vida.

MI AÑO CERO: 2014 (MI RECUPERACIÓN)

A finales de 2014 mi vida dio un vuelco.

Tomé conciencia de mi adicción al sexo y de la enfermedad psicoemocional que venía arrastrando desde hacía años.

Pedí ayuda y entré en un proceso de recuperación.

Comencé a trabajar mi adicción a través del programa de 12 pasos con ayuda de un terapeuta y mirando por fin la raíz del problema.

En 2017 la vida me puso a prueba de nuevo.

Llegó la ruptura de mi matrimonio y una separación que marcó profundamente mi proceso.

Fue una de las etapas más duras de mi vida.

Pero también una de las más decisivas: dejé de huir, de desconectar y empecé a sostener el dolor de otra manera.

Ese proceso me hizo más consciente y más resiliente.

No por endurecerme, sino por empezar a mirarme con verdad, hacerme responsable de mi vida, a cuidar y darme cuenta de como afectan mis acciones en las personas que digo amar.

Gracias al programa de 12 pasos empecé a conocerme de verdad.

Entendí mejor de dónde venía mi sufrimiento, mi mala gestión emocional y muchas partes de mí que antes no había querido mirar.

Encontré herramientas que fueron clave en mi camino.

La meditación, el mindfulness y el crecimiento personal, me ayudaron a aceptarme, cuidarme, cuidar y madurar hasta convertirme en el hombre que hoy soy.

En 2020 tomé una decisión que cambió mi rumbo.

Dejé mi trabajo después de 17 años y empecé a construir un camino más alineado con mi historia, mi propósito y mi forma de acompañar a otros hombres en sus procesos de vida.

Hoy, todo ese recorrido forma parte del lugar desde el que acompaño a otros hombres: no desde la teoría, sino desde un proceso vivido, atravesado y transformado.

DESPUÉS DEL AÑO CERO HASTA HOY

Soy emprendedor, con mucha ilusión por crear cosas bonitas, algo que llegue a personas como tú para ayudarte a aliviar tu sufrimiento diario y veas que es posible conseguirlo, si yo he podido tú también puedes.

Ser padre: el gran aliciente de mi vida

Ser padre ha sido uno de los procesos que más me ha movido por dentro. No solo por el amor hacia mis hijos, sino porque me ha obligado a revisarme, a mirar mis límites, mis heridas y la manera en que quiero estar presente en su vida.

La paternidad me ha hecho entender aún más la importancia de educar desde la presencia, el cuidado, la escucha y la gestión emocional. También me recuerda cada día que acompañar no es controlar, sino estar, sostener y responsabilizarse del impacto que uno tiene en la vida de quienes ama.

Lo más honesto no es resistir más, sino empezar a mirarte de verdad, lo que no transformas, se repite: en ti, en tus vínculos y en las personas que amas.